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domingo, junio 28, 2009

A 20 años de la muerte de Alfredo Sadel

"En el teatro suizo de San Gall (notable por su construcción
moderna y no obstante, acogedora)
nos llama la atención la voz deslumbrante
de un tenor venezolano: Alfredo Sánchez Luna"
Kurt Pahlen,
Grandes cantantes de nuestro tiempo.


Ante estas palabras de uno de los grandes musicólogos del siglo XX ¿qué puede decir una como simple aficionada, además de expresar su más profunda admiración por uno de los mejores cantantes líricos que ha dado Venezuela? Hoy contamos con la espléndida voz de Aquiles Machado, pero hasta hace veinte años nuestro tenor, en mayúsculas era Alfredo Sánchez Luna, el gran y controvertido Alfredo Sadel. Este artículo espera ser un pequeño homenaje al cumplirse veinte años de su fallecimiento.

A mi juicio la importancia de un personaje como Sadel fue haber sublimado canciones populares del acervo musical latinoamericano y venezolano, a la vez de haberse erigido como una de las grandes voces de la zarzuela y, quizás en menor medida, de la ópera, todo ello sin dejar de lado su interés como promotor cultural en instaurar en nuestro país una auténtica tradición lírica. Fue además una de las primeras figuras internacionales venezolanas en destacarse en el mundo del cine... indistintamente de su calidad actoral, es una delicia ver sus películas tan sólo por escucharlo cantar, con ese porte soberbio del que hacía gala.

Nacido en Caracas, el 22 de febrero de 1930, sus inicios musicales fueron bastante accidentados: en 1946 , y tras tres meses de estudios musicales, debutó como cantante en Radio Caracas, pero fue rechazado poco después. Al año siguiente creó el apellido artístico Sadel, mezclando su apellido con el de Carlos Gardel, y participó en Caravana Camel, programa emitido por radiodifusora Venezuela. A partir de ese momento el naciente cantante cosechó un éxito tras otro, en especial al componer y grabar el pasodoble Diamante negro, dedicado al torero venezolano Luis Sánchez.

Su salto a la fama internacional se dio en 1951 cuando rodó la película Flor de campo y al año siguiente debutó en Estados Unidos, en los teatros Colgate Comedy Hour y San Juan, en Nueva York, compartiendo escenario junto a La Faraona Lola Flores.


El resto de su vida es una sucesión de éxitos, honras, polémicas, rumores... Como cantante popular es uno de los más grandes de su época, destacando como bolerista de altísimo calibre y un actor-cantante al estilo de Mario Lanza... a quien extrañamente no emuló al rechazar un contrato de la MGM. Sadel alcanzó un logro del cual pocos pueden jactarse: participó en el show de Ed Sullivan y tuvo una exitosa carrera en los Estados Unidos.

Su paso a la ópera es lo que más me agrada de la carrera de Sadel. Si bien me gustan muchísimo los boleros y la música popular latinoamericana de las décadas de 1940 a 1960, la ópera y la zarzuela son unas de mis más grandes pasiones musicales, y la dulcísima voz de Sadel, con ese dominio de los pianissimi y la media voz, y esos agudos que hacen de él un tenor lírico genial. Eso sí, para mi nadie como él para cantar temas de Agustín Lara, o clásicos como Júrame, María La O, Desesperanza, Perfidia, El guarapo, Escríbeme, Amapola o Perfidia. Cantó también música venezolana como nadie, siendo preciosa su interpretación de Alma llanera (ojo, tal cual la zarzuela de Rafael Bolívar Coronado y Pedro Elías Gutiérrez, no las múltiples versiones que se han hecho después).

Su debut en 1961 en la zarzuela Los Gavilanes marcó el inicio del Sadel lírico que tanto me gusta, ese que empezó estudios de canto serios al año siguiente en Austria e Italia. Quizás por esos estudios en Salzburgo es tan buen intérprete de los lieds alemanes, ¡wow! Los cantaba de una manera realmente sublime. La Adelaide de Beethoven es una pieza delicadísima y sutil en su voz, que irónicamente le fue reprobada en su examen final del Mozarteum de Salzburgo. Su repertorio operístico abarcó obras como Rigoletto, El Barbero de Sevilla, Carmen, Lucía Di Lamermoor, Tosca, La Boheme y Don Pasquale, entre otras. En las décadas de 1970 y 1980 participó activamente en temporadas de zarzuela y ópera nacional e internacionalmente, llegando a correrse el rumor de que Sadel había organizado el secuestro del tenor español Pedro La Virgen, quien se presentaría en Venezuela... según mis papás, eso hasta salió en la prensa. yo no he conseguido referencias al respecto.

Recuerdo que una vez de niña, o empezando la adolescencia, le dije a mi papá que Sadel era el Elvis Presley venezolano, por haber iniciado su carrera muy flaquito y haberla terminado muy gordo. De milagro no me gané un bofetón, y con razón. Años después supe que había coincidido con su enfermedad, un cáncer, y hoy al redactar esta reseña me he enterado que se trató de cáncer de huesos.

Muy enfermo ya, cantó en mayo de 1989 en el Teatro Teresa Carreño, y el 28 de junio del mismo año falleció. Dejó como legado unos 200 discos, más de 2.000 canciones grabadas, varias películas y grandes, maravillosos recuerdos para las personas que tuvieron la dicha de verlo en concierto; mis padres la tienen, y muero de envidia por ello.

Para cerrar, la voz de Alfredo Sadel:




Fuentes:

http://www.venezuelatuya.com/biografias/alfredo_sadel.htm

http://www.mipunto.com/temas/2do_trimestre04/sadel.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Alfredo_Sadel


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jueves, abril 30, 2009

Un fuera de época: Alessandro Moreschi, el último castrado

En una interesante conversación de fin de semana, si mal no recuerdo mientras veía la Fórmula 1, conocí a la simpática y nefasta soprano norteamericana Florence Jenkins (la Del Pino y Lamas del mundo de la ópera... si no sacaba ese comentario intenso y letrado no sería yo, por cierto :P ). Por alguna extraña asociación mental, al escuchar sus berridos destemplados recordé la voz de un pobre hombre quien ha pasado a la historia de la música como el último superviviente de un timbre vocal hoy extinto: el castrado, voz "artificial" lograda al extirpar los testículos de los niños aún no desarrollados, a fin de conservar su voz aguda y aumentar su potencia y registro de acuerdo a las características físicas de la caja torácica masculina.

Alessandro Moreschi fue un cantante italiano nacido en Roma en 1858. Para esa época la Iglesia Católica, en un acto de humanidad que bien puede catalogarse hipócrita (pues fue la misma Iglesia quien "creó" el monstruo del cantante castrado al considerar pecaminosa la voz femenina y promover estas operaciones quirúrgicas a los niños impúberes, generalmente de los más bajos estratos sociales), había prohibido las castraciones. O mejor dicho, fue una especie de concesión al poder civil impuesto en Italia hacia 1870. Sin embargo, por un juego del destino, Alessandro Moreschi tuvo que ser sometido a la extirpación de sus testículos en 1865, para curarlo de una hernia inguinal según la costumbre de la época. Digamos que Moreschi pasó a la historia por culpa de cinco años de adelanto al decreto de prohibición. Un fuera de época literalmente.

Como su familia era muy pobre y numerosa, Alessandro Moreschi siguió el destino de todo niño italiano del siglo XIX, pasar a la tutela de un maestro de música, en este caso Gaetano Capocci,  organista y compositor de música de iglesia. Era el año 1871... tarde, muy tarde para obtener una óptima formación musical acorde con su tipo de voz. Los maestros de canto especializados en la técnica vocal de los castrados habían desaparecido junto a la práctica de esta operación. Además el último castrado famoso, apellidado Velutti, había abandonado las tablas treinta años atrás, y poco se conservaba teórica y prácticamente de la técnica de estos fenómenos (quirúrgicos) de la naturaleza. En consecuencia, de nuevo Moreschi llegó tarde...

¿Cómo Alessandro Moreschi ingresó en 1883 al coro de la Capilla Sixtina estando prohibido el uso de cantantes castrados? Sencillo. Logró encontrar un "vacío legal" pues su operación fue antes del decreto. Fuera de época, pero con suerte. La misma suerte que le permitió registrar su voz en 1902 en una grabación sonora, rarísima, de una calidad muy pobre pero indispensable para todo el amante del canto lírico. Honestamente, no poseía una voz agradable ni hermosa. Y siendo más sincera todavía, oírlo me causó una desagradable sensación.

A veces soy muy impresionable, y tras haber leído mucho sobre la vida de estos cantantes, amar con locura la película Farinelli, y obsesionarme con la idea de cómo sonarían sus voces de verdad (siendo lo más cercano a ese registro los contratenores actuales), escuchar la casi fantasmagórica voz de castrado soprano de Moreschi me puso los pelos de punta. Siendo justa, puede culparse por un lado a la precaria calidad de audio de la grabación, a la pobre formación musical con que contó Alessandro y al repertorio religioso que interpretaba (la voz de castrado era ideal para el repertorio barroco, por su agilidad, extensión y florituras)... sí, repertorio que muestra una vez más como este hombre estuvo siempre un paso atrás en el tiempo... o adelante... ya ni sé.

Me había prometido una reseña muy corta, y vean lo que me ha salido. Sin más, una pequeña muestra del arte de Alessandro Moreschi:


Y como comentario al margen, qué maravilloso trabajo de musicología e ingeniería de sonido hicieron para recrear de manera artificial la voz de los castrados en Farinelli:


Fuentes:

http://kishimotoandres.blogspot.com/2005/12/alessandro-moreschi-el-ltimo.html

http://www.filomusica.com/filo23/jenri.html

http://www.lamaquinadeltiempo.com/algode/castrati.htm

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